Feriado bancario, el epicentro del caos amargo para el país

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La mañana del 8 de marzo de 1999 Dolores Delgado acudió a la sede del Banco del Progreso en Cuenca, en las calles Bolívar y Hermano Miguel, a retirar sus ahorros. Lo único que encontró fueron puertas cerradas.

El dinero era fruto del esfuerzo de su hijo en Nueva York. El fantasma de una crisis bancaria le atemorizaba y confiesa, iba a sacar hasta el último centavo de los cerca de 12 millones de sucres que había ahorrado. Hoy en el edificio funciona la Fiscalía General del Estado. El Banco del Azuay, ubicado frente al del Progreso en 1999, tampoco está. Junto a los dos bancos del Centro Histórico de Cuenca desaparecieron las sedes de Filanbanco, el Banco de Préstamos y varias oficinas de las más de 20 entidades financieras que dejaron en la quiebra a miles de azuayos. El centro de la ciudad, en aquel 8 de marzo, fue el epicentro del caos.
Dolores frecuenta muy poco esa esquina. Aún vive del dinero que mandan sus hijos del exterior, son su único sustento ya que su esposo murió a los pocos meses de estallada la crisis a causa de un derrame cerebral que ella atribuye a “la preocupación”.

Consecuencias
Según datos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, el número de ecuatorianos que migraron durante 1998 fue de 40.735, cifra que se duplicó en 1999 cuando 91.108 compatriotas salieron, y se volvió a duplicar en el 2000 cuando 175.922 viajaron para no volver. Azuay, Cañar y Loja fueron las provincias que más sufrieron la ola migratoria.
Estados Unidos y España fueron los lugares elegidos por los azuayos para huir de la crisis, una de ellas Valeria Reinoso.


“El feriado bancario descompuso al país y trajo desempleo carestía, explotación, la gente perdió sus ahorros. España daba lo que nuestro país no”, recuerda.
“Mucha gente dejó familias enteras, a hijos de apenas meses porque no podían darles lo necesario. Para poder venir tenían que dejar su casa y sus tierras hipotecadas”, añade.
El Feriado Bancario trajo también tragedia. La FLACSO señala que el nivel más alto de suicidios en el país, con una tasa de 1 por cada 100.000 habitantes, se dio en el 2000, cuando la crisis alcanzó su punto más álgido. Después de Quito y Guayaquil la ciudad con mayor número de casos reportados, 63, fue Cuenca.

Historia
El 17 de enero de 1999 la retención de dineros de los clientes del Banco del Azuay encendía en Cuenca la voz de alarma. El 8 de marzo, tras una decisión tomada por el entonces presidente Jamil Mahuad y su ministra de Finanzas, Ana Lucía Armijos, los bancos amanecían cerrados.
Era la víspera de un paro nacional por el alza en el precio de gas, combustibles y el impuesto del 1 por ciento a las transacciones bancarias auspiciado por el Partido Social Cristiano.
El feriado se anunciaba para un día pero tomó una semana. Armijos señalaba a la prensa que “tras la exposición del Plan Estratégico, el país será totalmente distinto”. Y así fue.


Al siguiente día se registraban sobreprecios en supermercados, la Cámara de Comercio de Cuenca anunciaba que las empresas habían dado vacaciones adelantadas a su personal por una reducción en la producción, y despedido a decenas.
El vicepresidente de la Cámara de Comercio en aquel entonces, Patricio Matute, reclamaba por la “inacción del Gobierno”, mientras Rafael Simon, presidente de la Cámara de Industrias pedía prohibir los créditos vinculados que iniciaron la crisis.
Tras los reclamos vino la represión. El gobierno de Mahuad ordenó la prisión de los dirigentes sindicales cuencanos por “alteración del orden”. La desesperación llevó a los clientes del Banco Continental a sitiar las sucursales, mientras un grupo de personas saqueaba locales de la fábrica de embutidos “La Europea” en busca de comida, según recogió la prensa local.


El 12 de marzo se confirmaba la congelación de fondos, el incremento de la gasolina Súper al doble de su precio y la Extra al triple, el gas pasó de 4.500 a 25.000 sucres y nadie pudo retirar más de cinco millones de sucres, al cambio actual, 200 dólares.


“Golazo, Feriado fue una jugada” y “Derechazo a la Mandíbula, el país en crisis”, titulaba el 12 de marzo Diario El Tiempo. “El Ecuador está viviendo una situación de convulsión de impredecibles consecuencias. El Gobierno, con el Partido Social Cristiano y un grupo de banqueros inescrupulosos desarrolla una política que ha conducido la economía al borde de la debacle”, recogía un artículo.
Crisis
Meses después, el 17 de agosto de 1999, Guillermo Lasso, quien nunca estuvo alejado de la élite bancaria, se posesionaba como Superministro de Economía. “Lasso es autodidacta (bachiller), miembro del Opus Dei y persona vinculada al sector bancario”, señalaba la prensa.


Sus primeras medidas: nuevos impuestos. Lasso pedía subir el IVA del 10 al 15 por ciento, y el impuesto a la Renta del 15 al 25 por ciento, al tiempo que se reunía con el Fondo Monetario Internacional y la cúpula de la iglesia católica. El Monseñor Alberto Luna señaló en una marcha a las políticas como “medidas inhumanas”.
El expresidente Rodrigo Borja sostuvo: “Lasso no es Ministro sino Presidente de la República”, esto por las funciones entregadas al banquero, quien renunció tras un mes “en el poder”, con el país sumergido en la peor crisis de su historia.
Dolores Delgado prefiere no recordar la trama política. Para ella, el Feriado bancario le arrebató parte de su vida, “no me gusta acordarme de eso, solo le pido a Dios que nunca vuelva a pasar algo así”. (RET) (I)

Fuente: eltiempo.com.ec

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