La consulta popular

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Escrito por Juan Cárdenas Espinoza.

Que nadie lo dude: la Revolución Ciudadana creció y se legitimó a través de la democracia directa y participativa del pueblo que definió y construyó la Década Ganada, bajo el indiscutible liderazgo del Mashi Rafael, con la herramienta de la consulta plebiscitaria, repetida tantas veces cuando fue necesario someternos a la voluntad del soberano. Entonces la consulta prevista como una facultad constitucional del Presidente de la República es hija predilecta de la Revolución Ciudadana, cuya base política e ideológica de AP la reivindica plenamente.

Ahora bien, la clave está en las preguntas de la consulta. Si se interroga al soberano para que se pronuncie por la protección de sus derechos y garantías, por el ejercicio de avances democráticos y revolucionarios que consoliden la construcción del Buen Vivir, esa consulta se justifica, es más, constituye una necesidad fundamental para la vida de la Patria recuperada.

Pero si por consulta pretende el banquero perdedor auscultar la voluntad ciudadana para que se aplique su agenda particular y egoísta, como bajarse los impuestos, desaparecer la Función de Transparencia y Control Social, derogar las Leyes de Comunicación y contra la Especulación de la tierra, eliminar la reelección inmediata, ese remedo de consulta sería inconstitucional porque contraría lo dispuesto en el Art. 11 de la Carta Magna de Montecristi.

¿Quién dijo miedo? Vamos a la consulta y preguntemos también si el pueblo quiere una Asamblea Constituyente para resolver sobre la estructura del Estado. Vendría el eterno líder de la RC y presidiría la lista 35 para reeditar una nueva victoria popular. ¿Preferirá ese escenario la oposición hermanada por su anticorreísmo viral, de la mano de la ‘prensa libre e independiente’? Si por ellos fuera, que nunca más retorne el Estadista que fue capaz de construir sobre los sueños y utopías de multitudes frustradas un país emblemático y referente para toda la región.

AP se encuentra preparando las preguntas para la Consulta, con el legítimo derecho de ser el actor político protagonista de los cambios más importantes de nuestra vida republicana. El presidente Moreno tendrá que definirse o por el retorno al viejo país con los caprichosos privilegios de la oligarquía opositora, o por la consagración de más derechos y garantías para la mayoría que ya se empoderó de su estado de bienestar. Al pasado, ¡jamás!

Fuente: El Tiempo

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