Maxwell Smart: El extraño caso del pendrive y el soplón Doble A, en caso de @JorgeGlas

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    El recontraespionaje no siempre rinde frutos. Por ejemplo, cuando un individuo decide convertirse en soplón luego de haber actuado, durante muchos años, de súper agente, espía y asistente de Ricardo Rivera.

    El individuo, llamado A.A., se convierte de pronto en el soplón Doble A.

    Y cuando va a la cámara de Gessel, ubicada en el complejo judicial norte de Quito y rinde su testimonio mediante una video conferencia, en la sala de la Fiscalía deja con la boca abierta a los investigadores, a los abogados, a los secretarios, a los periodistas infiltrados y hasta a quienes se frotaban las manos porque él, solo él, se convertiría en el factor decisivo de un caso donde, justamente, se necesitaba acumular conocimientos secretos que, al revelarse, serían la frutilla del pastel para llegar a la esencia del caso.

    La boca abierta generalizada se produce en la sala de la Fiscalía cuando Doble A, el súper agente, responde a la pregunta del millón:

    -¿Dónde está la computadora portátil de la que usted, Doble A, afirma que extrajo el respaldo de correos electrónicos y teléfonos celulares de su jefe?

    El súper agente se queda en silencio, por unos segundos que se convierten en minutos, en horas, en días, en siglos.

    El silencio se vuelve una pesada nube oscura de la cual algunos aspiran, que por obra del extraordinario testimonio que daría el súper agente, de pronto se abran y un cielo azul, nítido, claro, revele toda la verdad que el país espera, para decirlo en términos periodísticos como aquellos que usan El Perverso, El Espectro, El Mercio, Ecuarisa y Teleamenazas y todos los medios que cada día, con sus titulares y noticias precisas, equilibradas y éticas, se juegan la vida por la verdad.

    Y ahí sigue, encima de todos los asistentes a la sala, la pesada nube oscura en que se convirtió el silencio del súper agente, hoy denominado respetuosamente testigo protegido –protegido de sí mismo, claro-.

    Hasta que las sombras empiezan a despejarse, pero a despejarse con una estela de dudas: la única forma de comprobar que la información del pendrive que entregó a Fiscalía el súper agente del contraespionaje era inspeccionar el computador portátil.

    Pero no. Primero dice que lo copió todo, que tiene respaldos completos de la información y que cuando lo hizo se sentía tan valiente como James Bond.

    Poco duró, sin embargo, la audacia y la temeridad del súper agente Doble A.

    Porque, según él mismo confesó a quienes lo interrogaron, una vez que tuvo el pendrive en sus bolsillos no pudo dormir toda la noche y a la mañana siguiente, con los párpados hinchados por el insomnio, tuvo tanto miedo que decidió destruir el computador portátil.

    La estrategia siguiente no pudo ser más cerebral y brillante: agarró el computador, lo sacó de su casa, caminó algunas cuadras cargando el aparato y lo arrojó con fuerza, hasta verlo totalmente destruido en el piso, en el lugar preciso donde pocos minutos después pasaría los recolectores de basura.

    El súper agente constató que el personal del camión de desechos recogiera el desecho computador y lo arrojara dentro del camión, donde lo que un día fue el elemento clave de la investigación se convertiría en unas cuantas láminas de aluminio, unos circuitos inútiles y unos accesorios aplanados por la maquinaria del recolector.

    La pesada y oscura sobre la sala de la Fiscalía se convierte, de nuevo, en un cúmulo de enigmas.

    El súper agente Doble A no solo que destruyó la prueba de lo que sostiene como verdad, sino que reveló que un amigo de contrainteligencia de la Policía fue quien lo asesoró: “Entrega el pendrive a la Fiscalía –le habría dicho con voz estentórea-, narra tu versión y yo te ayudo a convertirte en testigo protegido”.

    Lo raro fue que el contrainteligente amigo del agente Doble A nunca le advirtió que lo que nunca se puede hacer en estos casos es tirar a la basura el material de donde obtuvo la prueba.

    Entonces, ¿Doble A tiene alguna prueba de que el pendrive contiene información relevante?

    No. Ninguna.

    A menos que la Fiscalía contrate en Silicon Valley un grupo de súper- informáticos mundiales, expertos en rearmar computadores portátiles hechos trizas por un mugroso y pestilente y pesado recolector de Vachagnon.

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